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Orleans, septiembre 2007

sábado, 12 de abril de 2008

el mismo euro, el mismo horario

Esta mañana en la radio pillé una entrevista al Presidente de una Comisión de la que jamás había oído hablar, y sin embargo, se dedica a un tema que viene siendo uno de mis caballos de batalla desde que entré en el mundo de los adultos: los horarios en España.

Son absurdos, empezando por los horarios escolares. No son horarios de institución educativa, son horarios de guardería aparcaniños. Los niños, y especialmente los que van a colegios situados en extrarradios pegándose grandes panzadas en autobús o, peor aún, en transporte privado, no tienen tiempo para jugar y moverse libremente. Bueno, tampoco tienen casi espacio. Porque los hogares son cada vez más chicos, o siguen siéndolo, según .... y las calles y plazas ya no son espacios públicos para bípedos, sino para vehículos de dos y cuatro ruedas. Y si a eso se añade la oferta industrial: industrias de las actividades extraescolares, industrias de videojuegos y ciberjuegos, a los niños, una vez terminadas las tareas (¿no estaban prohibidas?) ya no les queda tiempo apenas más que tiempos muertos antes de irse a dormir, en los que sí cabe el consumo de productos ofrecidos por la industria del ocio.

Los horarios laborales son igualmente absurdos. En primer lugar por la falta de flexibilidad, que provoca embotellamientos en hora punta, debido a que la oferta de transporte público no cubre ni de casualidad la demanda de la población trabajadora, ni en cuanto a horarios ni en cuanto a cabida. En segundo lugar por la jornada partida, absurda cuando el camino entre casa y el lugar de trabajo es muy largo. Ni da para comer en casa, ni puede llenarse con asuntos propios, porque tampoco es compatible con los horarios comerciales tradicionales y además, también la industria de servicios y los centros de trabajo administrativo tienden a situarse fuera de las ciudades.

En fin, que me ha resultado de lo más interesante conocer la existencia de esta comisión. A la vez que me parece sintomático el que una comisión dedicada a darle la vuelta a un mal hábito enquistado en la sociedad, tenga tan poca visibilidad y no implique activamente a la sociedad civil. Claro que ellos mismos reconocen que los malos horarios tienen mucho que ver con la falta de presencia de la sociedad civil. Tenemos usuarios y consumidores, pero los ciudadanos se limitan a votar cada equis años y luego a despotricar en bares y foros sobre la gente a la que ha votado, o no, durante el tiempo entre una votación y otra.

Y dejo aquí el enlace al texto cuyo título he tomado para presentarla.

NOTA:
en realidad este post iba a ir a otro lado (netlog), pero en el momento de escribir estaba saturado así que lo he publicado también aquí.

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