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Orleans, septiembre 2007

miércoles, 18 de junio de 2008

patentes, derechos de autor y el orden economico mundial

Estos días que he estado en Alemania, una sociedad bastante prospera, me daba cuenta de hasta que punto los derechos de autor, los derechos de la propiedad industrial, el auge de los estados nación y el orden mundial se encuentran entrelazados formando otro mas de esos callejones sin salida.

De entrada, los derechos de autor parecen bastante legítimos, al igual que las patentes y otros derechos de propiedad intelectual. Como retribución a la obra individual todos, creo, que los aceptamos de buen grado. Pero es que en realidad los derechos de autor nacen con la imprenta, no con el libro. Porque los derechos de autor son la mascara tras la cual se escuda la industria editorial. Los derechos de autor permiten que las editoriales medren con los autores de los grandes éxitos de ventas, hasta llegar a nacer una industria dedicada a producir grandes éxitos de ventas. Que al final acaba matando la produccion literaria diferente, todo aquello que verdaderamente significaría un progreso espiritual; el pensamiento critico que descubre y revela los lados oscuros del sistema y nos impulsa, no a esconderlos, sino a limar aristas e ir aliviando la carga de las victimas del mismo.

Pienso que los derechos de la propiedad intelectual nunca deberían ser transmisibles ni compartibles. Lo cual, si ahora mismo fuera así, desmontaría todo el orden mundial. Porque el orden mundial esta basado en la propiedad intelectual. No por nada las patentes nacieron al amparo de estados nacionales, que con la fuerza de sus ejércitos imponían su derecho al derecho de los territorios que iban ocupando. Y detrás de la ocupación militar venia la económica. El nuevo orden mundial instaurado tras la caída del sistema colonial ha creado métodos menos cruentos, en apariencia, pero igual de nocivos. Ya no se estila la invasión pura y dura, es preferible financiar movimientos sociales (independentistas nacionalistas, movimientos ideológicos, etnias, etc) que permitan armar por igual a unos y otros e imponer al vencedor la aceptación del ubicuo orden económico mundial. Los países industrializados vuelcan sus economías en la exportación, protegida por derechos de propiedad industrial, forzando la compra de sus productos, y todas las servidumbres que conlleva comprar a precios occidentales desde economias precarias. Solo así puede florecer una sociedad prospera en el Norte, tan prospera que hasta la clase trabajadora participa activamente en ella.

Me quede pensando ya hace tiempo: existiría el cristianismo si los autores de la biblia hubieran reclamado derechos de autor, y la policía se hubiera dedicado a detener y encarcelar a todo monje que se atreviera a copiar la misma sin haber pagado el copyright? Máxime cuando muchas de las ordenes hacían voto de pobreza (lo cual se lleva bastante mal con las extensas propiedades de los monasterios, pero siempre ha habido gran discrepancia entre teoría y praxis). O incluso, existiría el lenguaje hablado, si solo quien pagara el royalty y tuviera autorizado a usar tan precioso medio de comunicación? Definitivamente pienso que un autor intelectual solo debería tener derecho a cobrar derechos de autoría intelectual hasta un limite de copias/ejemplares/usos/etc. y que luego su obra/invención debería de pasar automáticamente a formar parte del patrimonio de la humanidad.

Puede que allí este el fallo del sistema: los nuevos avances creados por los humanos no están pasando a formar parte del patrimonio de la humanidad, sino solo de aquella porción que puede pagarlos. Estamos fragmentando la humanidad desde mil ángulos diversos, pero todos tienen, al final, una cosa en común: la linea divisoria siempre es, mas o menos oculta, el dinero. El dinero actualmente tiene muchas formas, y hasta los economistas hablan de M1, M2, M3 y M4 refiriéndose al dinero.

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