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Orleans, septiembre 2007

viernes, 3 de abril de 2009

la "imposición lingüística", 1

El otro día me vi enredada en una discusión sobre el dichoso tema (no en sí, sino por las pasiones que levanta, que a veces son de lo más insanas y manipuladas) y ya tiré la toalla, porque ni era el sitio ni era la forma más adecuada para discutir el tema. (creo que un foro escrito en el que intervienen personas que se conocen poco da lugar a más equívocos que otra cosa). En un debate online igual aún es posible, pues permite ir matizando conceptos y definiciones, pero un foro de internet, en el que cada cual está solo con sus propios conceptos aplicándolos a palabras ajenas, es poco útil o fructífero. Se parece más a una serie de monólogos que a diálogos.

Yo me quedé con varias ideas a las que ir dando forma. Por ejemplo: poner en el mismo saco el debate en torno a la "imposición lingüística" en Galicia, Euskadi o Cataluña. Y no digo Valencia, porque no creo que nadie seriamente pueda hablar de una imposición lingüistica de la lengua vernácula (yo he acabado llamándola así, porque siempre hay alguien que se ofende: si dices catalán alguien se pica porque es valenciano, y si la llamas valenciano, lo mismo pero al revés - así que por mí, que se piquen todos, y si me vienen con que es una herencia del franquismo, realmente me resbala). Cuando era niña, para mí el valenciano era lengua de los abuelos, pues mi padre sólo lo hablaba con gente mayor, y yo sólo se lo escuchaba a la gente mayor alguna vez que veraneé en algún pueblo, no a la gente de mi edad. Y cuando acabé en el instituto y en la universidad, recién muerto Franco, de repente apareció una serie de gente de mi edad, valencianoparlante, que me parecía de lo más maleducada y soberbia, con lo cual si antes era la lengua de los yayos, luego fue la lengua de los soberbios arrogantes maleducados. No fue hasta venirme a vivir a Benimaclet, el barrio en el que ahora vivo, que empecé a conocer a gente "normal" que hablara el valenciano, especialmente Conxa, la quiosquera, de Alcásser, que siempre me hablaba en valenciano. O luego alguna gente en la asociación de vecinos, como mi amiga María, que habla catalán, porque es de Barcelona. Si los lingüistas dicen que el valenciano es catalán, no problem for me. No me importa llamarlo catalán. Al fin y al cabo, también decimos que en Austria y en Suiza hablan alemán, y ciertamente lo que allá se habla y se escribe es diferente de lo que se habla y se escribe en Alemania.

...... (continuará)

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