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miércoles, 17 de junio de 2009

un país de chapuzas

A los medios se les llena la boca contándonos las excelencias del mundo moderno, de la tecnología, del diseño. Mogollón de obras públicas faraónicas. Pero a la hora de la verdad, parece que estén hechas y diseñadas con el culo.

Metro de Valencia
Al primer chaparrón y apenas inauguradas las nuevas estaciones de diseño, había goteras en todas las que usé (imagino que no en todas, pero no puedo dar constancia, dado que no las piso todas). Y allí siguen los cubos de agua recogiendo gotas que caen del techo, a veces incluso bajando por los tubos fluorescentes, cada vez que llueve.

Escaleras de acceso desde la calle muy estrechas (en mi barrio, en una estación que enlaza con una línea de tranvía por arriba y que es usada para transbordos, la escalera no tiene ni dos metros de ancho justo en el lado del que cae la parada de tranvía). Para colmo, no están cubiertas más que parcialmente. De modo que cuando llueve, la gente tenemos que optar por mojarnos durante un tramo, o exponernos a sacar un ojo al personal. Aunque optemos por no sacar ningún ojo a nadie con el paraguas y aguantar estoicamente la ducha, eso no nos libra de tener que protegernos de los paraguas ajenos. Total, que a media escalera te encuentras con gente que sube intentando abrir el paraguas para no mojarse, y otra que intenta cerrarlo, porque ya no lo necesita. Las otras dos escaleras, las que no enlazan con la estación del tranvía, son bastante más anchas, pero igualmente sin techo.

No he conocido en Valencia más que una estación en la que todo el tramo de escalera hasta la calle esté cubierto: una en la avenida del Cid. Quizá haya más. Pero las del centro, no.

Los asientos para esperar al metro son un poema. Anchos bancos de piedra, en invierno puedes pillar una cistitis si te quedas sentado demasiado tiempo. Y teniendo en cuenta que en festivos pueden transcurrir hasta treinta minutos (veinte reglamentarios más otros diez de demora), quedarse de pie es una agresión a la columna que conviene evitar, pero ¿a riesgo de pillar una cistitis? Por cierto, son tan anchos, que una persona normal no puede apoyar la espalda, a pesar de que estén pegados a la pared. La gente joven sube los pies, pero tampoco es plan.

Aunque peor fueron los primeros bancos que había en algunas estaciones. Unas diseñosas rejillas metálicas, con una luz de aproximadamente 10 cm, que te dejaban el culo como si hubieras estado sentado sobre una parrilla humana. Lo que eran, en realidad.

El alcantarillado y desagües callejeros en Valencia
Lo habitual es que en la mayoría de los pasos de peatones hayan eliminado el bordillo, de forma que una suave rampa comunique la acera con la calzada. Pero no se les ha ocurrido que cuando llueve, el agua se estanca en las zonas más hundidas, y muchas veces resulta que toda la calzada desagua normalmente, excepto la porción que queda en el paso de peatones, en donde se estanca y acumula. Con lo cual, cuando el semáforo está en rojo, lo más probable es que los peatones recibamos una ducha por parte de los coches que circulan en los carriles extremos, pues no se percatan del charco, o lo ven demasiado tarde, si es que se fijan. De todos modos, en mucha vías estrechas, como las que hay entre la vía del tranvía y la acera, los desagües de la calzada no tragan con rapidez suficiente, y circular por dichos tramos de acera es garantía de ducha de pies y piernas, pues los coches circulan a velocidad excesiva y salpican a todo el mundo.