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Orleans, septiembre 2007

sábado, 7 de junio de 2008

callejones sin salida, 1

De un tiempo a esta parte llevo pensando que ahora se van viendo claramente los callejones sin salida en los que, como civilización occidental, nos hemos ido metiendo. Dicen que el dolor y la fiebre son las señales del cuerpo cuando algo no va bien, y en cuanto miembros del género humano hemos estado desatendiendo sistemáticamente, en cuanto que miembros de la civilización occidental y europea, las señales que nos llegaban: el hambre, la miseria y la explotación del Sur en beneficio del Norte, la pequeña delincuencia fruto de la marginación, no han menguado sino que han aumentado, y muchos otros síntomas. Parece ser que, como miembros de la civilización occidental, estos síntomas no quitan el sueño más que a unos pocos que convenientemente son redirigidos a las ONG y organismos internacionales de caridad y compensación, para que no molesten.

¿Cuáles son estos callejones sin salida?

Uno de ellos, y gordo, son los sistemas nacionales de Seguridad Social. Si miramos a su origen, vamos viendo ya que, de entrada, nacieron con "mala idea". Y es que, en su origen, nacieron para callar la boca a los obreros industriales, principalmente, para descabezarlos, ofreciendo a los obreros sistemas de prestaciones que dejaran a sus líderes solos frente a los patronos. ¿El problema? Pues que se basan, y más en un sistema económico basado en el aumento del nivel de vida y en el crecimiento económico, en el aumento de la natalidad. El sistema funciona siempre que haya un crecimiento económico, que haya un aumento de la población activa incluida en el mismo, y que no aumente la expectativa de vida, o al menos no aumente el tiempo de jubilación. Cuando falla cualquiera de ellos, el sistema empieza a hacer aguas. El único argumento socialmente sostenible a favor de estimular la natalidad, actualmente, es el de mantener el sistema de la seguridad social. Pero globalmente el sistema es insostenible, incompatible con la realidad de un mundo físico que no se puede expandir.

Otro de los callejones sin salida nos ha venido con la mecanización. La mecanización sólo es una bendición cuando acorta los tiempos que la gente ha de dedicar al trabajo. Pero si no cambian las relaciones laborales, si el obrero ha de trabajar ocho horas, produzca un coche o produzca cinco mil, entonces la cosa cambia. A la postre, el mundo resulta inundado de cacharros, y no sólo eso, sino que los cacharros han de tener una vida útil cada vez más corta, para que los obreros sigan trabajando. Lo cual es claramente insostenible en un mundo físico que no se puede expandir. Aparte de que consume recursos naturales, para los procesos productivos, de una manera brutal.

Otro de los callejones sin salida nos ha venido con el ingreso de las mujeres en el mundo laboral. ¡Como si antes no trabajaran! ¡Como si no existiera trabajo si no hay empleo! ¿y qué pasa con todo el trabajo que las mujeres han venido desempeñando mejor o peor: criar y educar a los hijos, atender a los miembros enfermos, ancianos, inválidos? Pues que, si no tienen recursos económicos para contratar personal, quedan desatendidos. Y un anciano o un inválido desatendido acaba muriendo de miseria o de inanición, pero un niño desatendido se convierte fácilmente en un delincuente. Porque vivimos en una jungla social, y el niño que no recibe un mínimo de atención aprender la ley de la jungla: sobrevive el más fuerte, el más listo, el más hábil, todo vale, no hay reglas para el más fuerte, el más listo, o el más hábil. Los niños ricos aprenden cómo funciona la ley, porque es un arma de los ricos contra los pobres, los niños pobres aprenden a burlar la ley, porque es la única forma de escapar a los ricos.

Hay otros muchos callejones ....

1 comentario:

  1. Marga V., me ha dejado un comentario muy amable en mi blog, pero cuando he intentado contestarle, me encuentro con varios blog incluyendo el de una asociación de vecinos. Si eres tan amable de decirme cual es el de Marga, te lo agradecería.
    Saludos

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