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Orleans, septiembre 2007

martes, 22 de enero de 2008

el anarquismo ilustrado, entre la izquierda y la derecha

El origen de los términos de izquierda y derecha arranca del momento en que las tesis más "prosociales" entran en los parlamentos burgueses y terratenientes europeos, siendo adoptados por personajes más o menos liberales que, dentro de los semicírculos en los que se suelen sentar los así llamados representantes del pueblo, se sientan en el ala izquierda, mientras que sus oponentes, quienes defienden el uso de la coacción y el monopolio de la violencia en manos del Estado como garante del orden, se sientan en el ala derecha.

Hoy día, nuestros parlamentos, teóricamente al menos, ya no son burgueses y terratenientes, pero si te fijas, la mayoría de los diputados son abogados, economistas, o ingenieros. Es decir, que siguen sin constituir un reflejo de la totalidad de la sociedad, sino más bien representan a una capa de la misma, la formada por clases medias urbanas o por terratenientes y capitalistas.

En cambio, la gente de la calle, los votantes, sí suelen identificarse con las opciones de derechas o de izquierdas en cuanto que "ideologías".

Visto desde una tercera opción, la del anarquismo ilustrado, creo que comparto algunos puntos con las derechas y otros con las izquierdas.

Con las derechas: sospechar de la excesiva intervención del estado en los asuntos privados, defender la necesidad de un orden suprapersonal que posibilite una convivencia armónica, sospechar de un estado excesivamente grande pues convierte los objetivos burocráticos de cualquier máquina burocrática en objetivos de estado y a los gobernados en víctimas del expolio y rapiña llevados a cabo por quienes manejan los aparatos del estado

Con las izquierdas: creer que toda "inseguridad ciudadana" tiene en su origen una profunda desigualdad social en cuanto al reparto de las riquezas tangibles e intangibles, y que la única forma de combatirla es mediante medidas compensatorias y de discriminación positiva, pensar que el actual estado de la civilización occidental se opone al mantenimiento de privilegios por razón del nacimiento y que por tanto, cualquier medida que frene las grandes desigualdades de partida es deseable y necesaria.

En cambio, creo que el anarquismo no comparte con quienes defienden los actuales sistemas de representación parlamentaria y de partitocracias de hecho la creencia en que la toma del poder (el llegar al gobierno) sea un medio para alcanzar los ideales sociales defendidos, no piensa que desde el Estado se puedan promover cambios sociales profundos de ningún tipo, y que el verdadero cambio, social, económico, ecológico, etc. sólo puede ser posible si se da al mismo tiempo en la conciencia de todas las personas que componen una sociedad.

claro que sigue habiendo clases

Este mes estoy comprando casi a diario el periódico El País, por los cuchillos de cocina de Mariscal. Y el otro día me llamó la atención la ficha del almuerzo con el autor de la malograda letra para el himno nacional. Generalmente la ficha incluye el menú y su coste, y viene a oscilar, por lo que recuerdo, entre cincuenta y cien euros.

Y, destacando entre todas las fichas que recuerdo, me encuentro con la del almuerzo, que casi creo recordar que no alcanzó ni cinco euros. Ni las declaraciones del personaje ni su letra me dicen mucho, mejor dicho, me dicen cosas que no acaban de convencerme. Pero desde luego, la ficha de marras es contundente y respalda su queja de que, la gente del pueblo, la masa, NO CUENTA. Quizá porque NO GASTA suficiente.

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Por otro lado, ayer leí los emolumentos que se fijó Pizarro en tanto que presidente de Endesa. Nada menos que más de tres millones y medio de euros para 2006, repartidos en diferentes conceptos. No me extraña que Manuel Pizarro sí cuente para el partido que le ha fichado.

domingo, 13 de enero de 2008

vivienda de alquiler contra vivienda en propiedad

Hoy el tema de la tertulia ha sido el de los precios de las viviendas. Se repiten los argumentos de siempre, aunque quizá señalando con más claridad a los beneficiarios de la crisis.

Echo en falta dos o tres argumentos básicos.
  1. En favor de la vivienda de alquiler: favorece la movilidad laboral, aunque sólo si el parque de viviendas de alquiler es suficientemente amplio. Si una persona o una familia se pueden trasladar durante un tiempo a otra ciudad siguiendo a uno de sus miembros cuando a éste le surja una oportunidad laboral, habría mayor movilidad. Claro que habría que ver a quién conviene la flexibilidad laboral, si a las empresas para poder atraer a especialistas, o, por el contrario para poder atraer a trabajadores dispuestos a cobrar menos o exigir menos. En este país quienes reclaman la flexibilidad suelen ser del segundo tipo, y la mano de obra que consiguen atraer es la inmigrante, legal e incluso "ilegal" (NO las personas, sino la fuerza de trabajo que aporta). Si un trabajador nacional no tiene garantías de acceder a una vivienda digna de alquiler en otra ciudad, ni a volver a encontrar una cuando vuelva a su lugar de partida o de origen .... NO SE MOVERÁ.
    Si no, la única fuerza de trabajo capaz de ofrecer flexibilidad serán los jóvenes solteros, separados o divorciados .... gente desarraigada o que aún no ha echado raíces.
  2. En favor de la vivienda en alquiler: favorece la independencia personal, en la medida en que no ata a una persona a una propiedad concreta, y a las servidumbres que de ella derivan. Si te sale un vecino paranóico, obsesivo, que te hace la vida imposible, es más fácil cambiar de finca, siempre que, nuevamente, haya un parque de viviendas en alquiler que te permita el cambio. Si encontrar una vivienda en alquiler asequible cuesta años, estarás tan atado al vecino insoportable como si tuvieras la vivienda en alquiler.
  3. En favor de la vivienda en alquiler: favorece la emancipación e independencia personal de los jóvenes. De lo contrario, los mete en fregados que les vienen grandes demasiado pronto. pues teniendo poca madurez psicológica y personal fuerza de alguna manera a las jóvenes parejas de hecho o de derecho a embarcarse en aventuras económicas (compra de un piso común) que luego no hace más que dificultar la separación. Los obispos claman contra el divorcio express, pero no hacen nada para prevenir el matrimonio express, todo lo contrario, parece que lo promuevan, demonizando las relaciones extramatrimoniales y forzando a los padres a forzar a los hijos a consolidar sus relaciones de una forma totalmente prematura e inconsciente.
  4. En favor de la vivienda en propiedad: dado que el precio de las viviendas en alquiler está totalmente expuesto a las arbitrariedades del mercado, es decir, a la codicia y avaricia de los propietarios e intermediarios, el inquilino no tiene absolutamente ninguna garantía de que en fecha posterior, incluso al año siguiente, si por circunstancias laborales sus ingresos menguan, su arrendador no suba el aquiler de forma exagerada y se quede en la calle. Lo mismo puede suceder si cae enfermo y sólo cobra un subsidio por enfermedad que no alcanza ni la mitad de sus ingresos habituales (autónomos, trabajadores con un salario base mínimo, prejubilados con una base baja), o se jubila, o, si es mujer, queda viuda. En tal caso puede quedarse con menos de 500 euros mensuales, imposible pagar un alquiler de más de 350 euros ... y si es en una ciudad donde el mercado inmobiliario está desbocado, ni una habitación compartida. De modo que una hipoteca supone un gasto mensual más o menos fijo y previsible, y además, generalmente se acaba/ba de pagar la vivienda antes de la jubilación.
La única solución a la actual situación sería, pienso yo, que los ayuntamientos o comunidades autónomas completaran la oferta de viviendas en alquiler. Lo cual en Centroeuropa es habitual y normal, pero aquí, dada la cultura presupuestaria de los ayuntamientos, que se dedican a financiar los fastos con los que se enriquecen los grandes empresarios, tipo Copa América, Expo, Fórmula Uno, o a financiar la "cultura" a la que sólo acceden los más pudientes y privilegiados, música, teatro, congresos, etc. me temo que es impensable.

miércoles, 2 de enero de 2008

división del trabajo y escapismo moral

Hace unos días leí en el periódico que pese a la demanda los ayuntamientos no están ofreciendo suficientes oportunidades para que los reos puedan cumplir las condenas de "trabajos de interés comunitario", por lo cual las autoridades penitenciarias los estaban poniendo a limpiar los jardines de la cárcel de Picassent.

Se comentaba en el artículo el contrasentido que representa tal hecho. El sentido del trabajo de interés comunitario es el de resarcir a la sociedad -en forma de trabajo- del agravio que se le ha infligido a la comunidad al cometer un delito, puesto que ello redunda en un aumento de la inseguridad social (no sólo los atracos y asaltos representan inseguridad, también los delitos de guante blanco, pues o bien son un robo a recursos públicos, o bien acaban repercutiendo en el público en forma de mayor precio de los bienes de la empresa objeto del robo). Y la limpieza de los jardines de una cárcel ciertamente no redunda en beneficio de la sociedad. Lo único que sirve es para mantener ocupados a los reos y despreocupadas a las autoridades penitenciarias y judiciales.

Y así, hilvanando un pensamiento con otro, llegué a la conclusión de que la división del trabajo a nivel de sociedad ha hecho que dejemos en manos de unos pocos, la administración de justicia y los responsables de gobierno, una tarea que es de todos: la de que el agraviado reciba su desagravio, que no es lo mismo que el que la víctima vea condenada al delincuente y renuncie a ejercer la venganza por cuenta propia.

La existencia de ladrones de guante blanco, sobornadores, sobornados, desfalcadores, evasores fiscales, etc. es una amenaza a la seguridad de la ciudadanía. La seguridad de que todos colaboremos a que la vida en sociedad sea lo más soportable y llevadera para todos, en la medida de nuestros recursos. Al menos, así es en un sistema democrático. En las plutocracias, tiranías varias, oligarquías, etc. las cosas son de otra manera. En las plutocracias gobiernan los ricos y dictan las leyes para seguir siendo ricos, y enriquecerse. En las tiranías, el gobierno gobierna para sí mismo, y para sus amigos y familiares. En las oligarquías, tres cuartos de lo mismo. Pero no en las democracias.

En las democracias, llámense estados de bienestar o no, creemos que todos los ciudadanos tenemos unos derechos mínimos, que incluyen el de techo y comida. Derechos incluso por encima del derecho al empleo .... pues dado que el estado no suele ser empresario, tampoco puede garantizar. Pero con su gestión de los sistemas de previsión social puede paliar lo que el sistema empresarial no puede hacer en nuestros sistemas capitalistas. Aceptamos que sean los empresarios quienes ofrezcan empleos y gestionen el mercado laboral. Pero si los gobiernos abdican de su responsabilidad de gestionar eficazmente los sistemas de previsión social: para los ancianos, para los enfermos, para los niños, para los discapacitados, etc. ... al final conseguirán que la gente vuelva la espalda al estado y rija la ley de la jungla. Y en la jungla, aunque a la larga se extingan los dinosaurios, primero se cargan a los más débiles. Y como nadie puede controlar el azar, nadie está a salvo de que la enfermedad, alguna catástrofe natural o no, lo reduzca a la máxima vulnerabilidad. Cosa que deberían recordar muchos poderosos y muchos políticos en este país, y en todos los demás. Aunque no sean creyentes, no son dioses.

Vidriera de la Catedral de Colonia

Vidriera de la Catedral de Colonia
obra de Gerhard Richter

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