Orleans, septiembre 2007

miércoles 17 de junio de 2009

un país de chapuzas

A los medios se les llena la boca contándonos las excelencias del mundo moderno, de la tecnología, del diseño. Mogollón de obras públicas faraónicas. Pero a la hora de la verdad, parece que estén hechas y diseñadas con el culo.

Metro de Valencia
Al primer chaparrón y apenas inauguradas las nuevas estaciones de diseño, había goteras en todas las que usé (imagino que no en todas, pero no puedo dar constancia, dado que no las piso todas). Y allí siguen los cubos de agua recogiendo gotas que caen del techo, a veces incluso bajando por los tubos fluorescentes, cada vez que llueve.

Escaleras de acceso desde la calle muy estrechas (en mi barrio, en una estación que enlaza con una línea de tranvía por arriba y que es usada para transbordos, la escalera no tiene ni dos metros de ancho justo en el lado del que cae la parada de tranvía). Para colmo, no están cubiertas más que parcialmente. De modo que cuando llueve, la gente tenemos que optar por mojarnos durante un tramo, o exponernos a sacar un ojo al personal. Aunque optemos por no sacar ningún ojo a nadie con el paraguas y aguantar estoicamente la ducha, eso no nos libra de tener que protegernos de los paraguas ajenos. Total, que a media escalera te encuentras con gente que sube intentando abrir el paraguas para no mojarse, y otra que intenta cerrarlo, porque ya no lo necesita. Las otras dos escaleras, las que no enlazan con la estación del tranvía, son bastante más anchas, pero igualmente sin techo.

No he conocido en Valencia más que una estación en la que todo el tramo de escalera hasta la calle esté cubierto: una en la avenida del Cid. Quizá haya más. Pero las del centro, no.

Los asientos para esperar al metro son un poema. Anchos bancos de piedra, en invierno puedes pillar una cistitis si te quedas sentado demasiado tiempo. Y teniendo en cuenta que en festivos pueden transcurrir hasta treinta minutos (veinte reglamentarios más otros diez de demora), quedarse de pie es una agresión a la columna que conviene evitar, pero ¿a riesgo de pillar una cistitis? Por cierto, son tan anchos, que una persona normal no puede apoyar la espalda, a pesar de que estén pegados a la pared. La gente joven sube los pies, pero tampoco es plan.

Aunque peor fueron los primeros bancos que había en algunas estaciones. Unas diseñosas rejillas metálicas, con una luz de aproximadamente 10 cm, que te dejaban el culo como si hubieras estado sentado sobre una parrilla humana. Lo que eran, en realidad.

El alcantarillado y desagües callejeros en Valencia
Lo habitual es que en la mayoría de los pasos de peatones hayan eliminado el bordillo, de forma que una suave rampa comunique la acera con la calzada. Pero no se les ha ocurrido que cuando llueve, el agua se estanca en las zonas más hundidas, y muchas veces resulta que toda la calzada desagua normalmente, excepto la porción que queda en el paso de peatones, en donde se estanca y acumula. Con lo cual, cuando el semáforo está en rojo, lo más probable es que los peatones recibamos una ducha por parte de los coches que circulan en los carriles extremos, pues no se percatan del charco, o lo ven demasiado tarde, si es que se fijan. De todos modos, en mucha vías estrechas, como las que hay entre la vía del tranvía y la acera, los desagües de la calzada no tragan con rapidez suficiente, y circular por dichos tramos de acera es garantía de ducha de pies y piernas, pues los coches circulan a velocidad excesiva y salpican a todo el mundo.

jueves 21 de mayo de 2009

tres años para casarse

Hoy viene un cliente al despacho. Hablando, me cuenta que lleva tres años intentando casarse. Tiene la nacionalidad española. Ella la tiene austríaca. Pero la jueza les pone todas las pegas del mundo, porque sospecha fraude.

Ella es peruana de origen. Pero la República austríaca le concedió la nacionalidad, como se la concede a muchísima gente, como también España la concede a otros tantos, cuando cumplen los requisitos para obtener la nacionalidad. Él también es peruano de origen. Y también adquirió en su momento la nacionalidad, en este caso la española. A él le abrieron una ficha en el Registro Civil, y por tanto ha podido sacarse su partida de nacimiento del Registro Civil español, la que le piden para casarse. Eso sí, tras dos subsanaciones, le pusieron mal el nombre y el sexo. Dos años para añadir una letra y cambiar de sexo. ¿A quién se le ocurre que Osvaldo Ladislao pueda ser mujer?

A ella le piden una partida de nacimiento austríaca. En Austria no tienen esa costumbre. Conceden la nacionalidad, pero no inscriben a la gente en el Libro Registro de Nacimientos. La certificación del consulado austríaco de que en Austria no se practican, no le vale a su señoría. Tres años llevan intentando casarse. Y no son unos jovencitos, precisamente.

El matrimonio por conveniencia se ha practicado de toda la vida. De hecho, la gente con dinero sigue practicándolo. Si hay dote o patrimonios por medio, parece que a nadie molesta. No tiene por qué hacerlo. Pero si lo que hay por medio la nacionalidad, y más si no son ricos (cuando lo son, nadie mira), entonces casarse puede ser un calvario. Como lo fue para los protestantes de la generación de mis padres, que si habían nacido católicos, tenían que tirarse años suplicando al obispado que les emitiera un certificado de apostasía, porque sin él, el Registro Civil no les dejaba casarse.

sábado 9 de mayo de 2009

Siempre mueren los pobres

Una reflexión de Vicente Romero, excelente,como todas sus reflesiones. Una persona a la que vale la pena seguir.

La más reciente, a fecha de hoy: una reflexión sobre la industria farmacéutica y el panorama mediático, a la luz de la cacareada "gripe A". En mi sección de "últimas lecturas en la red" (en la columna de la izquierda, un poco más abajo) viene un enlace directo al artículo.

miércoles 29 de abril de 2009

28 de abril de 2009: nos deja Javier Ortiz






Recuerdo que cuando empezaba a navegar por Internet un día aterricé en un foro (grupo de yahoo) llamado "La Patera". Los debates estaban bien, y fue allí en donde me enteré de que existía un periodista llamado Javier Ortiz (JOR). De hecho, aunque no fuera quien llevaba el foro, intervenía de vez en cuando, y su columna diaria daba para muchos debates. Incluso le había habilitado un a puerta en su propia página web. Desde entonces solía leer con frecuencia su columna diaria en internet.

Una vez vino a Valencia a dar una conferencia, y acudí para escucharle. Poco antes había publicado el libro sobre Ibarretxe, y como coincidió que ese día y un poco antes Ibarretxe intervenía en un acto en Valencia en el mismo colegio mayor, Ortiz le había arrancado la promesa de pasarse por la sala cuando acabara el acto al cual asistía, para saludar al público de Ortiz. Así que tuvimos 2 por 1. Ortiz era tal como escribía. Ibarretxe, tal como nos había anunciado JOR, se acercó cuando ya había acabado JOR su conferencia, y me resultó agradable, incluso aunque su discurso fuera un poco victimista (quejándose de la mala imagen del país vasco en el resto de España, que sólo sale cuando hay algún atentado, y hasta cierto punto tenía razón, claro).

Hace unos días había leído en su blog que le habían ingresado. Y que había resultado una hepatitis grave. Pero no me esperaba que la siguiente noticia que tuviera de él fuera que había muerto. Me pilló totalmente desprevenida. Ha sido una noticia triste. Ayer lloré varias veces, y al final acabé buscando mi música fúnebre favorita: el lamento de Dido, de la ópera de Purcell "Dido y Eneas".

Pero en realidad, la gente como JOR siempre sigue viva, en sus escritos, en el recuerdo de sus escritos, en el recuerdo de sus espíritus incombustibles. Su blog en internet concluye con un obituario escrito por él mismo: Sueño con Jamaica.

lunes 13 de abril de 2009

Susan George y la crisis mundial

Desde que leí el boomerang de la deuda soy forofa de Susan George, y cuando he descubierto este video de youtube en el blog del amigo Alargaor he decidido colgarlo también en el mío, así que, aquí va

¿exceso de créditos?

Estaba oyéndolo otra vez, eso de que ha habido exceso de crédito. No lo decían antes, cuando con esa excesiva condición de crédito funcionaba tan "bien" la economía. Tan bien, que hasta absorbíamos una enorme cantidad de mano de obra extranjera. Quizá, como conjunto, no queríamos darnos cuenta de a qué precio: una parte de la mano de obra era cautiva (ilegal), y justamente la existencia de esa mano de obra cautiva, y por tanto mal pagada y mal contratada, permitía imponer condiciones salariales indignas a otra parte de la mano de obra, que aun siendo "legal" estaba mal contratada, gracias también a una legislación que permite desmanes empresariales tales como largas cadenas de subcontratación, convirtiendo en empresarios a trabajadores, si querían tener acceso al mercado de trabajo (aportando no sólo su propio trabajo, sino el de sus "empleados").

Con lo cual, creo que el diagnóstico de exceso de crédito está totalmente errado. Y está totalmente errado, porque lo que se ha conseguido con ese exceso de crédito es ajustar el mercado a la producción, en lugar de ajustar la producción al mercado. En lugar de ver las necesidades de la gente, se ha buscado gente para colocarle productos. Con lo cual la gente que tenía necesidades sin atender seguía sin poder atenderlas correctamente. Se le daba crédito para comprar lo que se le quería vender, no lo que necesitaba.

Por ejemplo: la vivienda. En lugar de construir vivienda asequible, se ha construído vivienda cara, manipulando además el mercado de segunda mano para poder financiar esa vivienda cara. Con lo cual, la gente realmente necesitada de vivienda o no podía acceder a viviendas, o tenía que endeudarse en exceso. Es decir: que para que existiera el gran negocio del ladrillo no quedaba más remedio que dar crédito a quien no tiene recursos suficientes para afrontar esos precios.

Por ejemplo: los coches. Es lógico que en zonas residenciales no se quiera convivir con actividades industriales y éstas sean concentradas en polígonos industriales. Pero éstos se construían sin prever redes de transporte colectivo para los obreros, obligando a un importante sector de la población a adquirir un coche o incluso dos. Luego se ha empezado a sacar las empresas comerciales de las ciudades, generalmente para poder especular con el factor suelo (menores alquileres, y la que tuviera suelo urbano, para especular construyendo). Tampoco en este caso se preveía infraestructura suficiente en términos de transporte colectivo. Es decir, que para que pudieran seguir vendiéndose cada vez más coches (ni siquiera mantenerse el monto de ventas, no, había que incrementarlo permanentemente) era conveniente que el transporte colectivo siga siendo insuficiente y se alarguen las distancias entre trabajo y residencia.

Por ejemplo: las ciudades. Se ha descuidado totalmente la ciudad como espacio vital. La planificación de las ciudades está al servicio del negocio: los comercios y el ocio. Porque el ocio se ha convertido en negocio, y se ha elevado a la categoría de "valor" todo lo que caracteriza al ocio, por encima de otros valores. No se han tenido en cuenta valores tales como el descanso (ni en la planificación del tráfico vial ni en las normativas del ruido), la salud (el aire es irrespirable y no hay apenas zonas verdes que absorban todas las emisiones de los coches, no hay transporte colectivo suficiente, y el que hay no atiende criterios de necesidades de los ciudadanos, empujando a éstos hacia el uso y abuso del coche, no hay espacios de ocio al aire libre, en los cuales oxigenarse y desestresarse). Con lo cual se ha empujado a los ciudadanos a huir a las segundas residencias -en la medida en que pudieran afrontar el gasto, y estimulando la presión social y urbanística para que lo hicieran-, alimentando nuevamente espirales de endeudamiento y ocupación urbana de suelo. Es decir, que para alimentar la industria del ladrillo y del coche era conveniente promover la cultura de la segunda residencia.

Mientras sigamos empeñados en pensar que con más de lo mismo vamos a poder salir del hoyo, andamos aviados. El problema es que darle la vuelta a la tortilla es bastante imposible. Y sin embargo, en realidad lo único que tiene sentido es hacerlo. Dejar de producir lo que pueden comprar los ricos, y producir lo que necesitan los que no lo son. ¿Cómo hacerlo? ¿Desde el estado? Creo que nadie quiere realmente un estado-patrón. No porque desconfiemos del estado, sino que no confiamos en sus administradores: los políticos. En realidad, los ricos siempre desconfían del estado cuando no tienen metida una zarpa en su administración. Es normal. El estado es el único que tiene fuerza moral suficiente para reclamarles una participación en el pastel. Si por ellos fuera, ni agua. Y los que no somos ricos, es decir, la gran mayoría de los ciudadanos, tampoco acabamos de querer un estado patrón, pues tal como está organizado, es una maquinaria demasiado opaca como para no facilitar el enriquecimiento ilícito e ilegítimo de sus administradores.

Con lo cual sólo nos queda un cambio de mentalidad. En lugar de esconder la miseria, saquémosla a la luz, y obliguemos a quienes tienen medios, a combatirla. Saquemos a la luz a todos los que no tengan vivienda, y obliguemos a quien tiene medios, a proporcionársela.Si quiere ponerse laureles, que se los ponga. Pero no permitamos construir ni una sola vivienda que no vaya a parar a quien no tiene vivienda, o tiene infravivienda. Lo mismo con el empleo. Pongamos un tope de ingresos, y que nadie pueda cobrar por encima de ese tope, mientras no se haya dado empleo a todas las personas que no lo tienen: un empleo digno, es decir, estable y con unos ingresos mínimos garantizados que le permitan vivir dignamente. El problema no es el trabajo, hay muchísimo trabajo pendiente de hacer. El problema es que no se quiere convertir en empleo, porque no repercute directamente en el aumento de riquezas de quienes ya son ricos.

Y eso sí, necesitamos un gran pacto. Un pacto social inmenso: NO A LA CORRUPCIÓN. Pero no un "no, yo no lo hago", sino, un "NO, YO NO LO TOLERO, Y DENUNCIARÉ TODA CORRUPCIÓN DE LA QUE TENGA NOTICIA". Eso sí, necesitamos otro pacto, por una justicia que eleve la equidad al rango de máximo inspirador de la administración de la justicia. Aunque ello suponga jubilar a la mitad de la judicatura y de la abogacía. Pues ellos son los grandes cómplices de la actual espiral económicam, un sistema socialmente tramposo.

domingo 12 de abril de 2009

el fracaso escolar: cuestiones de género

En El País de hoy viene un artículo sobre el fracaso escolar en España y su mayor porcentaje entre los alumnos varones. Pienso que hay dos variables fundamentales que el artículo no menciona ni siquiera de pasada. Y sin embargo, siempre he pensado que son fundamentales, desde los tiempos en que estudié pedagogía en la facultad. Ambas variables tienen que ver con la cuestión del género, que no del sexo, como apunta el estudio.

La primera variable tiene que ver con los "valores de género" tradicionales, que la escuela comparte con los valores de género tradicionales, esos mismos que toleran el machismo y la violencia de género. Se trata de valores de sumisión, pasividad, obediencia. Son valores que la escuela tradicional premia, y nadie puede negar que en España los valores de la escuela tradicional siguen vigentes en un gran número de mentes de padres y maestros. En cambio, son valores que el entorno no transmite de igual forma a niños y niñas. Así como la publicidad ha hecho de la rebeldía y la contestación per se un "valor" que "vende" muy bien, y que se traslada hasta cierto punto es asimilada por los niños varones, en su afán de emular a los adultos, la publicidad dirigida al público femenino y a las niñas, premia la sumisión a los patrones tradicionales, y si estimula la competitividad, sólo lo hace en la medidad en que se compite por los premios a las conductas tradicionales. No me atrevo a decir que los niños necesitan más actividad física que las niñas, aunque a veces, observando a los niños en mi entorno pienso que sí. Y es obvio que la escuela ofrece muy pocos estímulos a la necesidad física, más bien es un importante factor represor de la motricidad: horas y horas sentados al pupitre constituyen la mayor parte de las jornadas escolares.

El segundo factor es el del ocio de los escolares. Se comenta una estadística por la cual los varones dedican una media de 3 horas semanales, al tiempo que las chicas dedican una media de 8 horas semanales. Un componente fundamental de la oferta del ocio adolescente que roba tiempo a los estudios son los videojuegos. Y todo el mundo sabe que los videojuegos están diseñados fundamentalmente para chicos. Sólo tímidamente empiezan a aparecer videojuegos pensando también en las chicas.